Si en tu organización alguien usa Copilot, ChatGPT o un chatbot de atención, ya tienes una obligación legal: ocuparte de que quien usa esas herramientas sepa hacerlo. Lleva vigente desde febrero de 2025, no depende del tamaño de la empresa y desde agosto de 2026 puede ser supervisada.
Qué ha pasado
Expansión publicaba esta semana su barómetro de habilidades más demandadas, y el dato central procede de un estudio del IBM Institute for Business Value con Oxford Economics sobre 1.500 directores de Recursos Humanos y 8.800 empleados de 21 países. El 71% de esos directivos considera esencial que el trabajador sepa supervisar, validar y anular lo que produce una IA. Solo el 29% de los empleados le da la misma importancia, y el 60% teme estar perdiendo capacidades propias por delegarlas en la máquina.
Esa brecha no es solo un asunto de recursos humanos. Desde este verano es también una cuestión normativa.
Qué significa
El artículo 4 del Reglamento europeo de IA obliga a quien usa sistemas de IA a ocuparse de la alfabetización de su personal. El Ómnibus digital, el Reglamento (UE) 2026/1744 en vigor desde el 27 de julio, cambió su redacción: ya no exige garantizar un nivel concreto en cada persona, sino adoptar medidas que apoyen esa formación. Pero mantuvo la obligación en las organizaciones, y desde agosto de 2026 las autoridades nacionales pueden supervisarla.
Lo que el Ómnibus sí aplazó son las obligaciones de los sistemas de alto riesgo. La alfabetización no se movió del calendario.
Dos detalles que suelen pasarse por alto: no hay umbral de tamaño, de modo que afecta igual a una empresa de cinco personas que a una de quinientas; y da igual no desarrollar IA propia. Basta con usarla.
Qué debería hacer cada uno
Un ayuntamiento debería empezar por inventariar dónde se usa IA: atención ciudadana, redacción de informes, traducción, transcripción de plenos. Es frecuente que nadie lo sepa con exactitud, porque cada área ha incorporado herramientas por su cuenta.
Un promotor o un estudio de arquitectura que use IA para memorias, imágenes o comunicación comercial está igualmente dentro. La obligación no distingue sector.
Una pyme necesita algo proporcionado, no un máster: saber qué herramientas usa cada persona, formar en sus límites y riesgos según el puesto, y conservar evidencia de que lo ha hecho. Esa evidencia es lo que se revisará si llega una inspección.
El estudio de IBM apunta además a algo que la norma no dice pero que importa más: lo valioso no es saber usar la herramienta, sino saber cuándo no fiarse de ella. Esa capacidad es la que protege a una organización de un informe con un dato falso o de una decisión mal fundamentada.
En Ateco trabajamos en consultoría TIC, ciberseguridad y digitalización para administraciones y empresas de Andalucía occidental. Si no tienes claro qué herramientas de IA se usan en tu organización ni cómo acreditar la formación, el inventario es el primer paso. Escríbenos.
Fuente: Expansión, Barómetro E&E de habilidades más demandadas, 3 de octubre de 2026.